Conseguir un empleo no es fácil para las personas jóvenes, pero aún lo es menos para aquellas que viven con diversidad funcional
En el décimo capítulo del pódcast Por el mundo que queremos, la juventud con discapacidad reclama oportunidades laborales
La coordinadora del proyecto europeo Educate for Independence, Alicia Ordovás, junto con las participantes en el piloto que se implementa en El Prat de Llobregat, Ainhoa Suñol y María Alamillo, comparten cómo es el día a día para las personas jóvenes que viven con diversidad funcional.
Educate for Independence tiene como objetivo promover la autonomía y el acceso al mercado laboral de jóvenes de 15 a 29 años con diversidad funcional leve-moderada que no estudian, no trabajan ni reciben formación (NEETs), a través del desarrollo de sus habilidades diarias y para el mercado laboral.
La “falta de experiencia laboral, el desconocimiento por parte de las empresas o los estereotipos” son algunas de las dificultades que afrontan las personas jóvenes cuando buscan trabajo, explica la coordinadora del proyecto, Alicia Ordovás. El proyecto ofrece la posibilidad de participar en espacios ordinarios como empresas o cooperativas realizando diferentes tareas. Así, los y las jóvenes que participan en el proyecto “puedan formar parte de la sociedad, con personas sin discapacidad, y desarrollar habilidades”, describe.





Ainhoa y María tienen 19 y 23 años respectivamente y explican que han podido tener experiencias en Mercabarna, en la Botiga del Prat o en la escuela Josep Tarradellas. Son algunos de los espacios que acogen las Unidades Educativas Territoriales (UET) y que incluye el proyecto de garantía alimentaria de ABD en el Prat, La Botiga, la cooperativa La Forquilla Ecològica que ofrece servicios de comedor escolar, la Fundación Contorno Urbano donde aprenden a cuidar del huerto, el proyecto Cuina de Barri donde ayudan en la cocina y dan apoyo en jornadas comunitarias, y la Cooperativa Agrícola con quien van a Mercabarna a preparar pedidos.
Los valores de las UET son la participación, hacer red, visibilizar diferentes realidades, mejorar habilidades… “Son valores que están presentes en los centros ocupacionales, en todos los recursos que hay para personas con discapacidad… pero el objetivo aquí es formar parte de los espacios ordinarios”, resume Ordovás.
En Mercabarna “reponemos los productos que faltan, aprendemos a utilizar la carretilla, etc.”, relata María. En el comedor escolar “nos enseñan a poner la mesa, a preparar la comida, a ponerla en bandejas para los niños y niñas de la escuela, etc.”, añade Ainhoa.
Además, participan en otros espacios con jóvenes como en las tardes jóvenes del Centro Cívico. “Hablamos de temas, hacemos la lista de la compra con alimentos saludables…”, explican. Las actividades son variadas.
Un total de 11 jóvenes participan en esta experiencia piloto del proyecto y han asistido al podcast como público. Algunos, han querido también contar sus experiencias.
Iván ha hecho amistades y ha aprendido a “cargar mercancía, reponer…” , Christian se lo pasa muy bien “con los niños pequeños en la escuela” y a Gisela le gusta La Botiga pero también el trabajo con las infancias de 3 y 4 años en el comedor. “Son muy buenos”, afirma Gisela. Ainhoa matiza: “Son independientes cuando quieren”.





El rol de las familias y el trabajo en grupo
La familia “puede ser impulsora o pueden haber muchos miedos sobre cómo será el mercado laboral, o la inclusión en espacios de trabajo ordinarios”, declara Ordovás. Por eso, además del trabajo con la juventud, las familias deben “trabajar estos miedos o creencias que pueden limitar la autonomía de las personas jóvenes”, apunta. En el caso de Educate for Independence, las familias de los y las jóvenes participantes son “muy abiertas” y “apoyan esta autonomía de los y las jóvenes”, destaca la coordinadora del proyecto. Por ejemplo, Ainhoa explica cómo hablan de la experiencia que está viviendo con Educate for Independence en casa con sus padres y hermanos y “están contentos”, señala.
El proyecto se implementa en grupo para ofrecer a las personas jóvenes “un espacio seguro donde ir practicando habilidades e irnos dando apoyo entre todas”, resume Alicia Ordovás.




La respuesta de las empresas
La inclusión laboral de las personas con discapacidad es desigual. La ley obliga a las empresas con una plantilla a partir de 50 personas a contratar a un 2% de personas con discapacidad, existen bonificaciones, apoyos para adaptar el lugar de trabajo o para hacer un acompañamiento a las personas contratadas, pero “falta mucha pedagogía para que haya una inclusión real”, lamenta Ordovás.
El proyecto replica una metodología que en Italia se implementa con 30 jóvenes y que en España se viene poniendo en práctica desde octubre del 2025. “Desarrollan habilidades y adquieren un compromiso que les ayudará después en un trabajo”, explica la coordinadora Alicia Ordovás, “aprender a justificar si no pueden asistir, tener una rutina, una responsabilidad…”, además, los y las jóvenes “mejoran la autoestima”
Para promover la incorporación al mercado laboral normalizado, desde el proyecto se están elaborando materiales para hacer formaciones y mejorar el acompañamiento a las empresas. Además, en el caso del Prat, se están aprovechando las relaciones existentes del entorno de La Botiga y se han abierto nuevas vías de colaboración donde las personas que participan en el proyecto trabajan con personas sin discapacidad y se conocen mutuamente.
Mirando al futuro
El proyecto acaba este mes de junio y Ainhoa y María reclaman su derecho a trabajar. “Tengo mucho potencial y deben aprovechar la oportunidad”, reivindica María. Su compañera Ainhoa sigue en la misma línea: “Que me den una oportunidad”, demanda. Alicia acaba con un mensaje de agradecimiento a las entidades y cooperativas que se han sumado al proyecto y que han abierto un espacio para las jóvenes, pero advierte que “hay que continuar trabajando para seguir tejiendo red y conseguir una inclusión real”.




Por el mundo que queremos, un pódcast del Grupo ABD
‘Por el mundo que queremos» es el pódcast del Grupo ABD que da voz a las historias de vida de las personas usuarias que acompañamos y que viven en situación de vulnerabilidad con la colaboración de Radio Maconda, la radio comunitaria de las Bibliotecas de Barcelona.
La coordinación del pódcast está a cargo de Begoña del Pueyo, miembro del patronato del Grupo ABD con una amplia experiencia en comunicación, junto con la Directora de Comunicación del Grupo ABD, Isabel Martínez Luna. Además, también cuenta con la colaboración de la Asociación de Usuarios/as de la Comunicación, así como de periodistas de la talla de Julia Otero y Goyo Prados. En la parte técnica se cuenta con el apoyo de Albert Fernández.
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