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Nace La Botiga, un proyecto de transformación social para garantizar el derecho a una alimentación saludable a los hogares en situación de vulnerabilidad

El servicio del Ayuntamiento del Prat de Llobregat, gestionado por la Asociación Bienestar y Desarrollo ABD, quiere generar un espacio abierto a toda la ciudadanía que sea sostenible y que una los objetivos de soberanía alimentaria con la inserción social y laboral de colectivos en situación de vulnerabilidad, la activación comunitaria inclusiva, la promoción de hábitos saludables, el consumo de productos de proximidad y socialmente responsables, la cohesión social y la lucha contra el derroche alimentario.

El alcalde del Prat de Llobregat, Lluís Mijoler, inauguró la semana pasada La Botiga, un servicio de garantía de alimentos que actúa de forma complementaria y coordinada con la prestación de la tarjeta monedero. La finalidad del nuevo servicio, que será gestionado por la Asociación Bienestar y Desarrollo ABD en partenariado con la Fundación Espigoladors, es generar un espacio abierto a toda la ciudadanía que sea sostenible y una los objetivos de soberanía alimentaria con la inserción social y laboral de colectivos en situación de vulnerabilidad, la activación comunitaria inclusiva, la promoción de hábitos saludables, el consumo de productos de proximidad y socialmente responsables, el impulso de la cohesión social y la lucha contra el derroche alimentario.


La Botiga es un proyecto de garantía alimentaria, apoderamiento comunitario y sostenibilidad, que surge como respuesta a las estrategias tradicionales de reparto de alimentos ante las situaciones de inseguridad alimentaria que sufren los colectivos más empobrecidos de la comunidad. Se trata de un proyecto que evoluciona hacia la autogestión, como fin último de modelo de gobierno, y que se articula sobre dos grandes ejes: el social y el ambiental. 


La Botiga nace de la voluntad de garantizar el derecho a la alimentación. Por lo tanto, a pesar de ser un servicio abierto a la ciudadanía en general, dispone de un circuito adaptado a las personas derivadas de los servicios sociales del municipio, tanto en la aportación de alimentación (Programa FEAD) como en el acompañamiento para conseguir la vinculación. Ofrece a todas las personas que se acercan al servicio como consumidoras el mismo catálogo de actividades, y un trato igual en el marco de derechos y deberes según su vinculación (socio/a, cliente/a, socio proveedor, etcétera).


Desde la motivación central del proyecto- garantizar la alimentación a aquellas personas que sufren vulnerabilidad alimentaria al Prat del Llobregat-, se impulsan estrategias para la mejora de la ocupación de las personas con más dificultad para el acceso al mercado laboral y se generan circuitos de inserción laboral hacia el tejido productivo del sector alimentario de la zona. A la vez, este tejido económico local (sector primario, agraoalimentario y servicios – comercio al por mayor, al por menor o restauración) es, por un lado, el proveedor de producto local y ofrece productos saludables y de proximidad que impactan directamente en la mejora la salud de la población del Prat; y por otro, es proveedor de producto solidario y abre circuitos con La Botiga para reducir el derroche alimentario a través del reaprovechamiento de los excedentes generados en cada uno de sus tres sectores, acciones que impactan directamente en la salud ambiental de nuestro entorno.


Pero La Botiga es también un dispositivo comunitario y, por tanto, también dirige su principal propósito- garantizar la alimentación saludable- a desarrollar políticas de inclusión social basadas en el empoderamiento. Por eso el proyecto se diseña, desde su inicio, como un servicio de cariz universal y abierto a toda la ciudadanía. Un proyecto que se sostiene en un modelo de gobernanza basado en los valores de la autoayuda, la autoresponsabilidad, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad. Valores que rigen las fórmulas de la Economía Social y Solidaria y que en su modelo de gestión sitúan en el centro el respeto por las personas, el medio ambiente y los territorios. Esta propuesta de gobernanza pone a la persona beneficiaria del servicio de garantía alimentaria como corresponsable del dispositivo, movilizando intereses y habilidades, enriqueciendo conocimientos y competencias, y aumentando su ámbito de relaciones personales; todos ellos factores que impactan directamente en la salud de las personas y que a la vez son transferibles al mercado laboral. 


Fomentar trayectorias de vida más autónomas y comunidades resilientes, capaces de dotarse por si mismas de las respuestas a los grandes retos sociales, son objetivos que movilizan el espacio reservado para acciones comunitarias de La Botiga. Pueden estar centradas en los diversos ejes de interés que mueven el servicio: la sostenibilidad y el medioambiente, la soberanía alimentaria, la cocina, la economía alternativa, etcétera, y pueden ser el impulso de situaciones tan diversas como el inicio de reorientaciones laborales y formativas nuevas, el diseño de los primeros pasos de proyectos de emprendeduría, ser el espacio embrionario de grupos alrededor de la defensa de derechos, participar en el programa de actividades de la ciudad, etcétera.


A nivel operativo La Botiga se construye sobre un programa central de garantía alimentaria. Se podrán obtener bienes alimentarios, de higiene y limpieza u otros tipos, con un modelo en un modelo de gobernanza basado en la autogestión, del qué surgen diferentes programas complementarios, acciones dirigidas al aprendizaje y la inclusión sociolaboral, al empoderamiento comunitario, a la promoción de la salud y la cohesión social, al fomento de la economía local y en la lucha contra el derroche mediante sistemas de economía circular.


Asistieron a la inauguración el director general de Servicios Sociales de la Generalitat de Catalunya, Josep Maria Forné, así como la presidenta y la gerente de ABD, Felisa Pérez y Àngels Guiteras respectivamente.

Los antecedentes del proyecto

El origen del proyecto se remonta al 2012 cuando nació el Punt Solidario, un proyecto de ciudad con el fin de minimizar el impacto de la crisis económica coordinando todos los recursos de la ciudad de apoyo alimentario. En estos últimos siete años, a través del Punto Solidario se han atendido 984 familias, es decir, un total de 2.931 personas, repartiendo 360.000kg de comida. Además, se han entregado 5.420 kits de higiene y limpieza; se han recogido hasta 41.390kg de material en siete actividades solidarias y se ha colaborado con 21 empresas diferentes. 


Siete años más tarde de su nacimiento y después de un proceso de reflexión interna con las entidades del territorio, las personas usuarias del servicio y profesionales del ámbito social, el proyecto se renueva y reinventa para dar un paso adelante con el desarrollo de un proyecto integral dirigido a garantizar el derecho a la alimentación.

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