CAS Baluard: 25 años de reducción de daños, compromiso comunitario y transformación social

A lo largo de más de veinticinco años, el servicio que hoy conocemos como CAS Baluard ha sido mucho más que un dispositivo asistencial. Ha sido un espacio de respuesta pionera ante situaciones límite, un lugar de aprendizaje colectivo, un motor de innovación en salud pública y una expresión clara del papel que el Tercer Sector Social puede asumir cuando las realidades sociales desbordan las respuestas convencionales.

Sus inicios se sitúan en los espacios abiertos de consumo del poblado de Can Tunis, en un momento marcado por una elevada incidencia de VIH, hepatitis víricas y muertes por sobredosis. En aquel contexto, profundamente estigmatizado e invisibilizado, la aproximación a los entornos de consumo no era solo una estrategia sanitaria, sino una toma de posición ética, firmemente impulsada desde ABD: acceder allí donde nadie quería mirar, establecer vínculos de confianza y situar la salud y la dignidad de las personas como punto de partida de cualquier intervención.

Aquella primera etapa permitió desplegar acciones fundamentales de reducción de daños, como los programas de intercambio de jeringuillas y la incorporación progresiva de la naloxona como herramienta clave para prevenir muertes por sobredosis. También abrió la puerta a un hito decisivo: la puesta en marcha del primer espacio de consumo supervisado por vía inyectada, inicialmente mediante una carpa y posteriormente con una unidad móvil, anticipando un modelo que años más tarde se consolidaría como referencia internacional.

El desmantelamiento del poblado de Can Tunis marcó un momento decisivo. Ante la realidad de un consumo que hasta entonces se había mantenido fuera del campo visual de la ciudad, se asumió la necesidad de dar continuidad a la reducción de daños dentro del entramado urbano, evitando de nuevo la expulsión y la invisibilización de problemáticas sociales y sanitarias que seguían existiendo. Esta decisión no estuvo exenta de resistencias ni oposiciones, tanto vecinales como institucionales, pero fue posible gracias a una apuesta colectiva de ciudad que permitió consolidar el servicio en la Muralla de Drassanes. Es en este proceso cuando el proyecto adopta el nombre de Baluard, iniciando una nueva etapa con mayores prestaciones sanitarias y sociales.

A partir de ahí, el servicio continuó evolucionando en paralelo a los cambios en los patrones de consumo y a las necesidades detectadas. En una primera etapa, la incorporación de la prescripción y dispensación de metadona dentro de los propios servicios de reducción de daños representó un paso clave en la integración asistencial, facilitando la continuidad de cuidados y el acceso a tratamientos desde una lógica de baja exigencia.

Más adelante, ante la creciente emergencia de los consumos inhalados de estimulantes, especialmente de cocaína (crack), y con la voluntad de reducir los riesgos asociados al consumo inyectado, se abrió la primera sala de consumo supervisado inhalado, acompañada del acceso a material higiénico específico. Esta apuesta permitió, por un lado, dar respuesta a una realidad de consumo altamente precarizada y, por otro, ofrecer alternativas a la vía inyectada, en coherencia con las estrategias de reducción de daños.

Todo este proceso se desarrolló con una característica distintiva del servicio: la participación activa de las personas usuarias en el diseño de los espacios, de los materiales y de las prácticas orientadas a un consumo de menor riesgo.

Con el paso del tiempo, el perfil de la población atendida se fue vulnerabilizando de manera progresiva. El incremento del sinhogarismo, el impacto de procesos migratorios marcados por la precariedad extrema y la irregularidad administrativa, así como el aumento del consumo de estimulantes, introdujeron nuevos retos, especialmente en el ámbito de la salud mental y la convivencia comunitaria. El CAS Baluard respondió a estas transformaciones con capacidad de adaptación, dando respuesta inmediata a la irrupción de nuevas sustancias —como la metanfetamina— y abordando tanto las situaciones de intoxicación como los episodios de malestar psicológico intenso.

Este recorrido solo se entiende desde el papel que ABD, como entidad de iniciativa social, ha asumido a lo largo de los años: detectar necesidades emergentes, sostener respuestas valientes y actuar con coherencia con unos valores claros, incluso en contextos de alta complejidad y tensión social. El proyecto Baluard expresa una manera de entender la acción social y sanitaria no como una mera ejecución de servicios, sino como una herramienta de construcción de cohesión social, de generación de confianza y de defensa de la dignidad humana.

Este trabajo se ha desarrollado siempre en una articulación estrecha y sinérgica con la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), desde una lógica de corresponsabilidad y salud pública. Esta colaboración sostenida ha permitido consolidar un modelo que ha contribuido a reforzar la convivencia, la inclusión y la democracia local, demostrando que la reducción de daños es una pieza imprescindible de cualquier política de salud colectiva.

El compromiso del CAS Baluard con la comunidad ha sido constante. Tanto en la participación en espacios de coordinación como en el despliegue de proyectos innovadores, como Fight4Fun —un proyecto de boxeo con personas con consumo activo orientado a la inclusión social, la mejora del bienestar y la generación de vínculos positivos—. Asimismo, se incorporó de manera progresiva una perspectiva de género, especialmente en el acompañamiento a mujeres en situaciones de alta vulnerabilidad, a menudo expuestas a múltiples formas de violencia, así como a mujeres embarazadas.

La firme decisión de no cerrar nunca el servicio, ni siquiera durante la pandemia de la covid, periodo en el que garantizar la atención significó no solo continuar con las intervenciones propias de la reducción de daños, sino también asegurar el acceso a necesidades básicas en un contexto de aislamiento y emergencia social. En esta misma línea, la puesta en marcha del CRI Galena representó un nuevo hito: un servicio pionero de acogida para personas sin hogar con consumo activo, ampliando el alcance del modelo hacia respuestas residenciales de baja exigencia.

Un legado colectivo

En este punto del recorrido, y tras más de veinticinco años de trayectoria, a partir del 1 de febrero de 2026 la gestión del CAS Baluard pasa a ser asumida por el Consorci Mar Parc de Salut de Barcelona (Hospital del Mar). El cambio de gestión se inscribe en un proceso de evolución del sistema de atención, en el que la reducción de daños se ha consolidado como una parte estructural de la respuesta sanitaria y social. ABD afronta este traspaso con la satisfacción del trabajo realizado y con la convicción de haber contribuido, desde su rol y responsabilidad, a hacer posible un servicio sólido, necesario y reconocido.

Todo este recorrido ha sido posible gracias a la implicación de cientos de profesionales que, a lo largo de los años, han sostenido el CAS Baluard con rigor técnico, compromiso ético y una profunda mirada humana. Este texto quiere dejar constancia y reconocimiento a todas las personas que han formado parte del proyecto y que han contribuido a convertirlo en un referente de la reducción de daños en Barcelona, en Cataluña y a nivel internacional.

Cerramos esta etapa de 25 años con un sentimiento de satisfacción serena y coherencia. Se ha hecho lo que debía hacerse, cuando debía hacerse y de acuerdo con unos valores claros. El CAS Baluard deja un legado que trasciende el propio servicio y que seguirá alimentando prácticas, políticas y compromisos colectivos en favor de una sociedad más justa, inclusiva y saludable.

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