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Terapias con el corazón: Perros que mejoran la calidad de vida de las personas mayores

Son las 10.30h de un martes cualquiera en la Residencia y Centro de Día San Pere Claver de Verdú (Lleida). En el centro -de titularidad pública de la Generalitat de Catalunya y gestionado por la Asociación Bienestar y Desarrollo ABD– predomina el silencio y la tranquilidad. Las personas usuarias se distribuyen en diferentes estancias. Hace rato que han desayunado. Mayoritariamente descansan en una de las salas de estar. Poco a poco se detecta un cierto movimiento y, ya sea solos o solas o con la ayuda de las profesionales, se van dirigiendo a la entrada principal donde se van distribuyendo entre las diferentes sillas que están situadas alrededor de la sala.

Allí se encuentran Marc, Antonia, Cinta, María, Antonio, Pepita, Leonor, Nati, Paquita, Ramón y Rosa. Parece que está a punto de pasar algo. De repente se abre la puerta y entran Teo y la Mel acompañados de Mercè. Una a una van saludando a todas las personas allí presentes. Ahora ya predomina una alegría y una sonrisa que no los abandonará en un buen rato. Ha llegado la hora de una terapia muy diferente. Y es que el Teo y la Mel son dos perros que forman parte del proyecto ‘Terapias con el corazón’ impulsado por Mercè Folch, y que hace dos años se desarrolla en la Residencia y Centro de Día San Pere Claver. El porqué de la actividad es simple, «los animales de compañía están considerados como una medicina preventiva y entonces lo que hacen aquí es mejorar la calidad de vida y promover la salud de las personas que atendemos», nos cuenta la directora la residencia, Imma Prim.

 

 

La terapia con perros forma parte de un plan de trabajo que se empezó a implantar en el servicio hace cinco años. El objetivo de este plan era la eliminación de las sujeciones físicas y la reducción de las sujeciones químicas (haciendo un uso racional de la medicación psicotrópica). A partir de ahí se empezaron a introducir tratamientos no farmacológicos mediante actividades que estimulan y aportan una mejor calidad de vida y bienestar a las personas. Y es en este contexto que se puso en marcha la terapia con perros. En el año 2016 se hizo una prueba piloto que tuvo una fantástica acogida y desde el año 2017 la actividad se hace de manera periódica y semanal. En concreto, se realiza una sesión de una hora con las personas con un deterioro cognitivo avanzado y otra sesión, también de una hora, con las personas que tienen un deterioro cognitivo leve.

 

Los beneficios de la terapia

La Mercè Folch nos expone las claves de la terapia con perros. «El eje principal de la terapia es el vínculo afectivo que se crea. Aquí tenemos la ventaja de que la gente tiene mucha afinidad con los animales. Estamos en un entorno rural y todos han tenido animales. Y la terapia les ayuda a tirar atrás y empezar a abrir los cajones de la memoria». Es decir, «el vínculo afectivo que se crea con el animal es el elemento motivador, el perro es el facilitador que permite abrir los canales para cualquier cosa que queramos trabajar», añade.

 

 

En este sentido, la Mercè nos señala, con satisfacción, que las personas usuarias «siempre que llegamos se ponen contentas porque es un estímulo diferente, los perros siempre les aportan estima y una buena respuesta y eso los motiva muchísimo». A partir de aquí, y a través del juego con el animal, se puede trabajar con ellas y con ellos tanto a nivel de estimulación cognitiva, como a nivel motriz o de comunicación.

En la misma línea, Imma Prim nos resume los beneficios de la terapia. El primero es la activación de la memoria, ya que muchos de ellos/as han tenido perros y eso les aporta un recuerdo de su vida. También les mejora la autoestima y fomenta la actividad física ya que a través del juego, el perro y la persona realizan una estimulación de las habilidades físicas. Además, les mejora el estado de ánimo fomentando el buen humor y también produce una estimulación sensorial.

 

«Nos gusta mucho. Nos hace pensar y recordar»

La actividad de esta semana es tan sencilla como efectiva. La Mercè les tira un dado que tiene fotografías en todas sus caras. En estas instantáneas por ejemplo se muestran los diferentes perros que ya conocen haciendo diferentes acciones. Entonces las personas usuarias tienen que atrapar el dado, describir la acción de la cara del dado que les marca la instructora y finalmente la tienen que reproducir.

El Teo es el rey de la fiesta. Va arriba y abajo sin parar. Se le nota contento. La Mel es más tranquila. Se la ve muy relajada y a gusto. El Marc les tira el balón. Antonia los peina. A la Cinta le encanta que le suban a la falda. «Me gusta mucho estar con ellos», nos dice. «Y sobre todo cogerles las orejas» (sonríe). Y lo más importante, la actividad «me hace pensar y recordar», nos remarca.

 

 

A María le hacen esconder el balón para que la busquen Teo y Mel, pero es tan buena persona que confiesa el escondite antes de tiempo. Antonio disfruta al máximo. Se nota que había tenido perros en casa, hasta seis, nos recuerda. Se atreve a todo y nos enseña orgulloso como Teo sigue sus instrucciones. «Es un rato que estamos con ellos, estamos distraídos y nos va muy bien. Los perros están tranquilos y nosotros disfrutamos de ellos», asegura.

 

 

Pepita, siempre sonriente, no acaba de recordar la palabra mágica para que la Mel le suba a la falda, pero finalmente, con la ayuda de todos/as, de la memoria aparece la palabra ‘Arriba’. Leonor hace de todo, le arregla el pañuelo a Teo, le da de comer, le esconde el balón, lo peina. A su lado, Nati, es más prudente pero tampoco pierde la ocasión para hacerles caricias a Teo y Mel. Ramon es un artista haciendo dar vueltas a Teo y también le sale su lado más travieso.

 

 

Y finalmente Rosa. Tal vez el caso más sintomático de lo que representa esta terapia para las personas mayores. En todo momento sigue la actividad desde la distancia y sin querer participar. Parece que le dan miedo los perros. Pero contagiada por la participación y la actitud activa y positiva de todas y todas, finalmente se anima. Primero sólo le quiere hacer dar vueltas Mel ya que parece que el contacto le asusta. Sin embargo, poco a poco coge confianza y no duda en acariciarlos y en lanzarles el balón como si lo hubiera hecho toda la vida. Acto seguido la directora de la residencia nos confiesa que es la primera vez que Rosa ha estado en contacto con los perros desde que llegó al Centro.

Vistos los resultados no sólo podemos confirmar que el perro es el mejor amigo del hombre, sino que también podemos añadir que a menudo es su mejor medicina.

 

(Ver video)

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