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Rafael Vilalta: De vivir en la calle a trabajar para combatir la pobreza energética

«El primer día en la calle fue Muy fuerte. No me lo creía. Fui hacia la plaza de Cataluña de Barcelona. Me senté en un banco. Recuerdo que estaba muy frío. Entonces entendí para qué se utilizaban los cartones. Me fuí a buscar unos cuántos y me volví a sentar en el banco «. Este fue el primer día de la vida sin techo de Rafael Vilalta. Después le han seguido muchos días más de vida en la calle.

En concreto, han sido 13 años marcados por las drogodependencias, el alcoholismo, el sufrimiento y la exclusión social. Ahora Rafael ha entrado a formar parte del programa de lucha contra la pobreza energética y de inserción laboral que se desarrolla a través de los Puntos de Asesoramiento Energético (PAE) y que le permitirá trabajar durante nueve meses como agente o informador energético. Este es un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona – y que gestiona la Asociación Bienestar y Desarrollo ABD, la Fundación Acción Bienestar y Desarrollo FABD y Ecoserveis– que consiste en ofrecer la información, la atención y la intervención necesarias para que las personas puedan ejercer sus derechos energéticos y las compañías no les nieguen el acceso a los suministros básicos.

En la actualidad está en el proceso previo de formación. «Antes era un técnico en pobreza en general y ahora estoy especializado en pobreza energética», ironiza. Sus ojos son más que nunca el espejo del alma de alguien que no lo ha tenido nada fácil en esta vida. A pesar de ello, Rafael es todo energía, positivismo e ilusión. Conozcámoslo una poco más.

¿Como fue el proceso que te llevó a vivir en la calle?

Tenía una editorial. Hacía mapas de calles y me iba Muy bien. Los vendía a las librerías y funcionaba. Entonces conocí a mi mujer, a la madre de mis hijos. Al cabo de un tiempo le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. La situación en casa se fue complicando.

La madre de mi mujer era yonqui y un día decidimos llevarla a casa. A menudo me decía: ‘Rafa acompáñame a la Mina’. Ella se acostumbraba a consumir heroína y un día malo le dije: ‘déjamelo probar’. Aquí fue cuando me presentaron el demonio.

Poco a poco fue degenerando todo hasta que un día me encontré en la calle.

¿Qué es lo peor de no tener hogar?

Lo más complicado es que piensas que esta sociedad es una mierda. Todo el mundo pasa de ti. Me refiero a la gente, no a las entidades. Nadie nunca me ha traído un bocadillo.

La gente te tiene miedo. Estamos totalmente excluidos. Somos el cuarto mundo. No hay una intervención en la calle.

No puede ser que hayan personas en la calle y que cuando vayan a un albergue no tengan plaza. Es imposible que una persona que vive en la calle se recupere sola. La Administración debe involucrarse. Vivir en la calle es muy duro.

¿Cómo descubres el proyecto del PAE?

Cuando me veo en el pozo hago un cambio. Me dije: ‘si sigo así me muero’. Los domingos solía ir a la iglesia del Pi, en el centro de Barcelona. Allí conocí a Eli, mi ángel, quien con el tiempo me facilitó el acceso al piso de la Asociación ‘Dit i Fet’. Todo el mundo en esta vida tiene su ángel. Y ella fue el mío. Aquí estuve durante cuatro meses. Era en septiembre de 2014. Después fui al Servicio de Inserción Social, donde me acogió Caterina, una trabajadora social. Aquí me derivaron al albergue de Sant Joan de Déu en Sarrià. Mientras estaba en proceso de dejar las drogas y el alcohol. Aquí estuve seis meses. Mediante la trabajadora social descubrí el programa ‘House first’ y tuve la gran suerte de que me adjudicaron un piso. No obstante, el piso no me lo daban hasta al cabo de un año. Afortunadamente tuve la oportunidad de alargar la estancia en el albergue durante 18 meses. Hicimos un plan para buscar trabajo con la trabajadora social del barrio.

Necesitaba trabajar porque esto de ser pobre es una mierda. y si no tienes trabajo eres pobre.

Toqué muchas puertas y me salió la oportunidad del proyecto de Barcelona Activa de trabajar durante seis meses como ‘agente de convivencia’. Cuando se terminó este trabajo, iba haciendo diferentes formaciones y en una de ellas fui a Torre Jussana. Al lado estaba el servicio de Làbora con mi referente. Entonces le pregunté si tenía algún trabajo y entonces se refirió al proyecto de los Puntos de Asesoramiento Energético. Me apunté y me seleccionaron. Y aquí estoy.

¿Cómo valoras la experiencia de los Puntos de Asesoramiento Energético?

Para mí es fantástico poder trabajar. Me empiezo a sentir a como era antes. Antes de caer en el alcohol y las drogas era como cualquier otra persona. Y ahora, precisamente vuelvo a ser como cualquier otra persona. Yo siempre he sido muy positivo y es lo que me ha hecho continuar.

Piensa que tuve muchísimas sobredosis. Estuve muerto muchas veces. Y ahora ya no tengo miedo a nada. Todo el tiempo que me queda de vida es un regalo. Estoy en este mundo ‘de gratis’. De aquí hasta que me vuelva a morir seré la persona más feliz del mundo. Es como si me hubieran dado otra oportunidad.

Estoy en el PAE acompañando a personas y encima me pagan. Es perfecto. A mí me han cortado el agua y la luz muchas veces. Sé de que va todo esto. A la vez, estoy muy agradecido porque nos dan una formación que me irá muy bien.

¿Qué consejo le darías a una persona que vive en la calle para intentar salir de esta situación?

Es muy difícil dar consejos a las personas que viven en esta situación. Los servicios sociales están colapsados ​​y cuando una persona observa que el proceso para encontrar cama puede alargarse meses pues se hace muy complicado. Como consecuencia, como que una persona sin hogar ya suele tener una red social, no se mueve de esta situación. Es decir, se institucionaliza en una vida de mierda. Es la Administración la que debería actuar sobre estas personas. Por lo tanto, le aconsejaría que fuera a servicios sociales, pero, como digo, es difícil que encuentre una salida cuando vea como se alargan los procesos para poder dormir en una cama.

Tiempo para el voluntariado

Si quieres saber más del recorrido por la vida del Rafael, lo puedes seguir a la cuenta de Instagram @rafaelvilaltarueda Y es que «ahora también soy un Instagramer», nos cuenta orgulloso. Añadir también que el Rafael dedica parte de su tiempo al voluntariado. Hace ya más de tres años que hace de voluntario y participa en diferentes proyectos como el banco de alimentos de Cáritas de Nou Barrris, el programa Escuela Amiga de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios (un programa de sensibilización que tiene como objetivo incrementar la conciencia de los jóvenes hacia los colectivos más vulnerables y luchar contra el estigma de las personas que se encuentran en riesgo de exclusión), es miembro del Consejo Municipal de Bienestar Social del Ayuntamiento Barcelona, ​​colabora con la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) y también hace de voluntario en el albergue de Sant Joan de Déu.

Rafael mira ahora el futuro con optimismo y con la filosofía propia de quien tiene ilusión por descubrir nuevos horizontes. Así lo resume precisamente en la descripción de su cuenta de Instagram: «Mi primera vez en el planeta Tierra… Voy aprendiendo a vivir».

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