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"Baluard muchas veces te deja helado de tanto sufrimiento y mudo ante tanta entrega profesional para ayudar a gente tan desahuciada"

No te pierdas la carta del director del documental «Baluard», José González Morandi, donde expone el porqué y el cómo ha planteado el rodaje de este trabajo cinematográfico:

 

«Hace poco leí en una entrevista a Ulrich Seidl decir que cuando empieza a grabar una película nunca tiene una idea clara de cómo va a montarla. Empieza a rodar y va improvisando a medida que le van surgiendo ideas de cómo incorporar distintos elementos. No sabe qué escenas va a utilizar y cuál no, y a dónde de la película va a utilizarlas. A mí me pasa lo mismo, la estructura me surge luego, en el montaje, donde primero visiono y escojo entre todo lo que he rodado y después intento darle una cronología y una estructura para que funcione como película. Lo que sí tengo claro es la forma de abordar mis proyectos: establecer una relación muy cercana con los personajes, con el espacio y lo que en él sucede y preguntarme cómo puedo retratarlos.
Cuando grabo deseo encontrar la “verdad”, pero soy consciente de que lo que obtengo es sólo una impresión de la verdad, mi impresión, por ello intento ser lo más sincero y honesto posible, acercándome cuanto puedo a las personas a las que grabo, y para eso necesito tiempo, necesito pasar largos periodos de tiempo sobre el terreno de grabación, sólo a través del tiempo puedo intentar acercarme al resultado que busco.
Baluard sería la tercera película documental que hago sobre el ambiente del consumo problemático de droga dura en Barcelona, problemático porque la mayoría de los que participan de este ambiente viven en la calle, no tienen trabajo, están lejos de tener un entorno familiar estable y el consumo de droga que hacen es poco sano. En este documental los personajes son los usuarios y profesionales de un espacio que atiende diferentes necesidades socio sanitarias de consumidores problemáticos de droga, el espacio es la Sala Baluard y la historia es la actividad que en ella desarrollan profesionales y usuarios.
La primera película fue Troll, un retrato íntimo de una consumidora, usuaria de Baluard desde su inicio. Es una road movie por los bajos fondos de la ciudad huyendo de una inminente amputación del pie, dando vueltas en círculo hacia el último pico de coca, siempre el último. La segunda, Cantunis, muestra la barriada donde se vendía y consumía la droga, una barriada marginal y periférica típica de las películas de quinquis. Cantunis es una película coral, que narra el proceso de derribo urbanístico del barrio y está protagonizada principalmente por una familia que vendía droga para subsistir.
Precisamente la Sala Baluard nació en 2005 para acoger y ayudar a los toxicómanos que buscaban un nuevo espacio para su actividad por la reciente desaparición de Can Tunis. La Sala se ubicó, deprisa y a último momento, en un espacio que desde un principio no era el más adecuado, el interior de la antigua muralla del siglo XVI, como si casi nadie, quizás sólo los profesionales de la Reducción de Daños, hubiese querido prever lo que iba a suceder cuando Can Tunis ya no estuviese y esos aproximadamente 1000 toxicómanos que compraban y consumían en la barriada volviesen a la ciudad, principalmente al centro, a Ciutat Vella, y se convirtieran en un problema de salud pública, de seguridad y de imagen.
Can Tunis desde su periferia mantenía alejados de la ciudad olímpica y de diseño, la de “la millor botiga del món”, a esa gente “indeseable”. Nunca se le agradecerá lo suficiente a los habitantes de ese barrio tan castigado el “servicio” que le dieron a la ciudad “acogiendo” a esos marginales. Y así, metáfora del destino, la muralla, El Baluard, volvió a funcionar siglos después, esta vez para contener la presencia de cientos de toxicómanos que “azotarían” con su problemática existencia la ciudad.
A finales de 2017 la Sala Baluard se traslada a un espacio sanitario más grande y adecuado para poder seguir dando servicio a la población toxicómana del centro de la ciudad. Sin duda estas mejoras en las Salas de Reducción de Daños se las debemos a una larga lista de profesionales de la salud comprometidos desde la ética y los derechos humanos que trabajan, no para esconder a los usuarios de las salas, sino para romper estigmas, atenderlos e intentar ayudarlos a conseguir una mejor calidad de vida.
En la Sala Baluard he estado trabajando una media de dos días a la semana, durante 8 meses aproximadamente, a lo largo de un año y medio. Espero que el documental que quede sea un recuerdo lo más realista posible, y sin sensacionalismos, de cómo se trabajaba en Baluard. Esto precisamente, filmar sin sensacionalismos, creo que ha sido mi mayor preocupación y lo que finalmente ha marcado, para bien o para mal -el espectador juzgará- el estilo y el tono de esta película.
Durante el primer mes estuve yendo a Baluard sin la cámara, asistía a las reuniones de equipo y me sentaba con los profesionales de cada uno de los departamentos del servicio: la sala de inyectarse, de fumar, la enfermería, la sala calor-café. Fui testigo de cómo por Baluard transitan muchas personas que no están pasando, seguramente, por el mejor momento de sus vidas, y ¿quién en ese estado, o en un momento de la vida así, querría que una cámara estuviese cerca grabándolo y ser después visto en una situación que seguramente no querríamos que nos viesen nuestros hijos, hijas, madres, padres…seguramente ni nosotros mismos?
Ese tono que aleja el film del sensacionalismo lo he tomado del trabajo de dos directores, Ulrich Seidl y Depardon, que hacen documentales que tratan asuntos tan delicados y dispares como una sala de urgencias psiquiátricas en un hospital de París o la vida íntima y privada de lo que guarda en su sótano cualquier vecino “normal” de Viena. Ambos filman con una cierta distancia, una distancia prudente, de respeto. Utilizando para ello planos abiertos y sin grandes movimientos de cámara, evitando, en lo posible, los primeros planos y los seguimientos de personajes que mágicamente nos provocan la ilusión de estar cerca de ellos.
Tomando distancia es como si quisiera recordarme a mí mismo y a los espectadores que la ilusión es sólo eso, ilusión, temo que esa ilusión cinematográfica sea demasiado conformista, ya que permite empatizar durante un rato y después podemos olvidarla como si hubiésemos estado viendo una ficción. Buscando un realismo absoluto, casi conductista, ya que en la narración no me permito ninguna expansión sentimental o interpretativa, ni sondeo alguno en la psicología de los personajes, quiero dejar un cierto regusto extraño en la boca, como de carne cruda, un sabor que no se olvide fácilmente, que nos recuerde que el problema sigue ahí y que de todos depende de que las cosas vayan a mejor, y que nada se arregla sólo mirando o haciendo una película, no quiero que nos sintamos mejor y más concienciados por el simple hecho de haberla visto y empatizado con sus personajes, la Sala Baluard es un lugar incómodo pero por ahora necesario, quiero que quién la vea sienta esa incomodidad.
Baluard muchas veces te deja helado de tanto sufrimiento y mudo ante tanta entrega profesional para ayudar a gente tan desahuciada. Y ese frío y ese silencio que hielan la sangre es lo que quiero transmitir al espectador con el tono de la filmación y el montaje. Un montaje donde se sucederán escenas del día a día y el orden en que estén montadas marcará el ritmo de sensaciones del espectador.
Para acabar esta explicación personal que justifica el porqué y el cómo de mi trabajo querría acordarme de los trabajadores y usuarios de Baluard, sólo les puedo estar eternamente agradecido por su ayuda, comprensión, solidaridad…No tendré nunca palabras suficientes para agradecer lo que han hecho por mi para que me sienta tan acogido trabajando allí. Pido disculpas a todas las personas que hacen Baluard por las molestias que les haya podido ocasionar estando por ahí en medio con una cámara en momentos, a veces, tan difíciles y complicados de sus vidas. Tengo la sensación de que me llevo mucho más de lo que doy, entiendo que como documentalista me aprovecho de la generosidad de la gente, por eso estoy convencido de que lo único que puedo hacer es estar con la mayor sinceridad y humildad posible. ¡Gracias y Salud! Nos vemos en las calles.»

 

Recuerda que si no quieres perderte el estreno ya puedes hacer la reserva de tu entrada aquí. Las entradas tienen un coste de 4 euros y se abonarán en taquilla el mismo día del entreno. ¡Te esperamos!

 

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