Maite quiere que se sepa que parte de su vida gira entorno al Jardí Fènix y el porqué

Después de casi toda una vida ligada a un consumo de cerveza sostenido y consolidado, lleva siete meses sin beber alcohol

Su participación en el Jardí Fènix es para ella sinónimo de bienestar y apoyo

Maite nació en el País Vasco, en el seno de una familia trabajadora ligada a la pesca y la hostelería. Desde muy joven trabajó en el mundo de la hostelería, fue cambiando los escenarios, se mudó a Barcelona con dos de sus hermanas, pero hay una cosa que era una constante en su vida y sus recuerdos: la cerveza. 

Maite cuenta cómo para ella el consumo diario de alcohol era algo totalmente normalizado. Ahora tiene 72 años, y una sonrisa y una calma contagiosas. Pero ha habido momentos complicados en su vida, como hace 13 años cuando sufrió un ictus, que le ha dejado algunas pequeñas secuelas de movilidad. Pero ni el ictus ni la jubilación fueron algo que le hicieran plantearse dejar de consumir alcohol de manera cotidiana. Dejó de fumar, eso sí. 

Sus hermanas eran quienes, a veces, le hacían ver que a menudo no estaba bien y que su vida giraba en exceso en torno a la cerveza. Y fue hace siete meses cuando decidió parar de consumir y se acercó a su CAS de referencia.

Los CAS, son Centros de Atención y Seguimiento (CAS) a las drogodependencias. Barcelona, la ciudad donde Maite reside, tiene una red pública de recursos especializados en la atención a las drogodependencias. Desde ABD gestionamos dos de estos centros en Barcelona, y cinco más en el resto de Cataluña.

Tras años de trabajo en el CAS de Sarrià-Sant Gervasi creamos un proyecto, para complementar el acompañamiento a las personas en tratamiento de drogodependencias. Este proyecto es el Jardí Fènix, un espacio de participación comunitaria donde a través de la agricultura urbana ofrecemos apoyo emocional y social, al mismo tiempo que trabajamos para mejorar la ocupabilidad de las personas en tratamiento.

En palabras de Maite: El Jardí Fènix es bueno para ella y es bueno para el mundo. Maite va todas las mañanas allí y se encuentra con Edgar, al frente de la iniciativa, y con el resto de compañeras y compañeros. Todo el equipo significa muchísimo para ella. Un espacio donde se siente segura y cómoda y donde comparte aprendizajes sobre agricultura, y sobre todo, donde comparte experiencias, sentimientos, miedos ¡y muchas risas!. Ella nos cuenta cómo con alguna de las personas que participan regularmente en el Jardí, solo con una mirada se entienden y saben cómo están. Y la verdad es que la conexión y el afecto son claramente palpables.

Sus hermanas están felices y admiradas de cómo ha realizado esta transición. Ella también lo está. Se siente afortunada y disfruta de su tiempo, y parte importante de que así sea es gracias al tiempo dedicado al Jardí Fènix. Eso sí, a menudo recuerda a una mujer con la que compartían barra de bar. Está convencida de que participar en el Jardí Fènix sería muy bueno para ella y le gustaría convencerla. El equipo de ABD estará preparado para cuando así sea.  

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