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Crónica de un día especial en el Centro Ocupacional y Residencia Avantos

Emoción, ilusión, alegría, satisfacción, felicidad. Eso es lo que transmitían los ojos de las chicas y los chicos del Centro ocupacional y Residencia Avantos el pasado martes 18 de diciembre. Y es que era un día muy especial para ellas y para ellos. Celebraban la tradicional fiesta de Navidad con sus familias.

 

 

Mientras no llegaban los familiares, las instalaciones del centro ocupacional gestionado por ABD-SSH, eran un ir de venir de muchachas y muchachos ultimando los detalles del evento. Unos distribuían los gorros rojos que identificaban a los que iban a bailar durante el espectáculo, otras daban la bienvenida a las personas asistentes a través de la radio del centro y también había quienes ocupaban sus puestos en las distintas paradas de un mercadillo de Navidad repleto de objetos construidos y creados con sus propias manos en los muchos talleres en los que participan durante todo el año. Hay de diseño y creatividad, bisutería, encuadernación, comunicación, jardinería, cocina, bellas artes o restauración. Los hay para todos los gustos y colores, pero todos ellos persiguen el mismo objetivo, “lo importante es que sean felices con lo que hacen”, nos recuerda la directora del servicio, Laura Prado.

 

 

El reloj corría y los nervios iban in crescendo a la espera de la llegada del momento estelar. Mientras tanto, era el tiempo de hacerse unos selfies con el marco de Avantos y el lema #SoyCapazDe, de preparar el chocolate que iba a acompañar a los roscones que habían hecho en el taller de cocina, de mostrar orgullosos y orgullosas el resultado de su trabajo, así como de practicar algunos de los pasos del baile. El alboroto que se apoderaba del salón principal de las instalaciones contrastaba con el silencio que iba invadiendo la zona de talleres y los pasadizos, repletos estos de fotografías y de recuerdos. “Los viajes hacen a las personas”, se podía leer uno de los muchos letreros.

 

 

El sinfín de emociones y actividades tuvo su colofón con un festival musical que llenó de orgullo a las personas que lo pudieron contemplar y disfrutar. Instantes únicos cargados de entusiasmo y entrega que hicieron las delicias de los/as asistentes. Chicas y chicas tuvieran la oportunidad de mostrar sus dotes artísticas en una actuación que tuvo una recompensa en forma de largos aplausos de admiración.

 

Las emociones del baile poco a poco fueron substituidas por las emocionas de la hora de la despedida. Algunos/as se iban unos días a casa con sus familiares y otros/as se quedaban en el centro, pero seguro que todas y todos compartían la alegría de quien ha vivido un día feliz. Un día que muy probablemente fue el reflejo de otra de las misivas que se puede observar en las paredes de las instalaciones: “Entiéndeme. No soy como un mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma”.

 

 

 

 

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